Los Rebeldes / Sandor Marai

Los Rebeldes

Primera guerra mundial, 1918, Primavera. Ábel, Tibor, Béla y Ërno están a punto de terminar su educación y la perspectiva no es muy alentadora, es probable que tengan que partir al frente, tomar las armas y quizás entregar sus vidas a una guerra que si bien los rodea no está encima de ellos: “Las detonaciones no se ven ni se oyen, pero su suciedad llega (…) del mismo modo que la ceniza de un gran incendio se posa en regiones distantes.”

Sus padres y hermanos vivieron la guerra, algunos aun están en campaña, otros murieron y los que regresaron lo hicieron lisiados o locos por lo que en las familias de estos muchachos no existen figuras autoritarias, la guerra ha desgarrado sus hogares, las mujeres que se quedan atrás están enfermas de soledad y muerte, han perdido maridos he hijos, la tía de Abel acepta que los hombres que no han partido partirán y siente que no tiene un propósito en la vida sin ellos, la madre de Tibor y Bela que son los hijos del temible General pretende mantener a sus hijos a su lado manipulándolos y haciéndoles creer que está enferma.

Ese es el mundo de estos muchachos que deciden unirse y crear “La Pandilla”, una realidad paralela hecha por ellos y para ellos con sus propias reglas que por lo demás son muy estrictas y deben seguirse. Todos se preocuparán que los demás las cumplan al pie de la Letra.

Una de las principales dogmas que cumple la pandilla es que nada de lo que hacen busca un fin, sino que el hecho es un fin en si mismo, por ejemplo: Tibor que es el hijo del dueño del almacén, sustrae distintas sumas de dinero a su padre que se gastan en cosas sin utilidad, como un conjunto de trajes ridículos con lo que los muchachos se disfrazan y representan obras inventadas por ellos. También deciden en el colegio atender a sus profesores con esmero, rayando en la exageración, era muy vulgar y sin gracia ser desordenado, mas entretenido era ver las caras de sus profesores cuando eran alumnos demasiado buenos en todos los aspectos posibles. Se inventaban locas historias de como habían perdido su virginidad y de exóticas visitas a burdeles, bebían y vagaban.

Pero esa es la parte entretenida del libro, ya que no se trata solo de relatar aventuras juveniles, también es, antes que nada, una crónica sobre el fin de la inocencia, por lo que su melancolía es infinita y se inmiscuye en cada página.

La prosa de Sándor Marai es hermosa en el como y en el que de lo que dice, tiene un talento especial para transportarnos inmediatamente a lo que piensan y al lugar donde están los personajes en muy pocas líneas, palabras precisas que crean ese mundo ante nuestros ojos, pero volvamos a los Rebeldes..

Todo comienza a ir mal en esta pandilla cuando Abel, de quien por sus palabras conoceremos casi toda la historia, se da cuenta que uno de sus amigos ha hecho trampa en el juego de cartas, debe descubrir quién es y decidir que hacer, poco a poco sus propias reglas los agobian, Tibor roba una suma demasiado notoria del almacén, para pagarla empeñan la montura del padre de Bela que en cualquier momento puede volver de la guerra y notara su ausencia. Ellos mismos ya no pueden con el mundo que crearon y la realidad poco a poco se hace incluso un deseo, en este estado es que los aborda “El Actor”, una persona mayor (estaban prohibidos los mayores) que hace las veces de tutor quién será el detonante del peor de los flagelos, el mundo entrara por la puerta ancha en la vida de los muchachos, la traición y el odio y todo lo que detestaban desbordaran las páginas, en manos de un último personaje que faltaba por conocer, quién hará las veces del verdugo de su infancia, está tan bien construido que uno se estremece de pensar que exista alguien así y veremos como cae por fin el telón.

Es un libro amargo y melancólico, pero hermoso, tan bien escrito que sus lugares y personajes duraran mucho tiempo en la memoria, pasearan por la Hungría de la primera guerra mundial y amaran la prosa de Marai.

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